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Solidaridad e Imaginación

 
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"...Con buena voluntad e imaginación, encontraremos mil formas de ser solidarios y de crecer todos juntos. En los consorcios, muchas veces se da el caso de personas ancianas, que viven solas, con una magra jubilación o pensión, que no poseen parientes que les den sostén económico alguno y se debaten en la más triste penuria económica..."
"...Frente a ese problema específico, los abogados del Consorcio podrían aconsejar a los vecinos apelar a algún tipo de contrato inspirado en la "renta vitalicia"..."



Se dice que la gente es poco solidaria y aunque no nos guste reconocerlo, debemos admitir que esa afirmación tiene mucho de verdad.
Pero ello es así no siempre por obvias razones de egoísmo, que existe, indudablemente, en todo ser humano, sino fundamentalmente por ignorancia.
Porque confundimos solidaridad con beneficencia, que son dos cosas muy distintas.
Mucha gente dice: yo tengo que ocuparme primero de mi familia.
Recién cuando haya satisfecho todas mis necesidades podré ser solidario.



Pero ser solidario no es eso.
Es pasar a integrarse con una persona o un grupo para beneficio de todos.


Dicho de otro modo: sólo puede hacer beneficiencia quien se encuentra en una posición económica holgada.
En cambio, es solidaria la persona inteligente, que llega a entender que es posible ayudar a alguien ayudándose al mismo tiempo a sí misma.
Este tema, creemos, está en el corazón de la problemática social en la Argentina de Hoy, en todos los grupos humanos, comenzando por el consorcio.
Tendríamos que darnos cuenta que viviendo en un país que debe pagar en concepto de deuda externa la friolera de ciento sesenta mil millones de dólares (sí, U$S 160.000.000.000.-) es elemental que tenemos que dejar de esperarlo todo del Estado y comenzar a pensar qué podemos hacer cada uno de nosotros utilizando esa herramienta que se llama "solidaridad", que ha resultado tan útil en otras latitudes.


Los países llamados del "primer mundo", se han hecho ricos utilizando diversas fórmulas de ayuda mutua.
Todos hemos oído aquello de que "la unión hace la fuerza", pero parece que no comprendemos cabalmente su significado.
Desde la escuela primaria debiera enseñarse, por ejemplo, qué es el cooperativismo, qué es el mutualismo y cómo practicarlos.
Nuestras leyes eximen de impuestos a este tipo de sociedades y sería sumamente conveniente difundir cómo se constituyen, cómo funcionan y cómo controlarlas.
Porque la verdadera riqueza de un país se hace desde el llano y no a través de "planes sociales", siempre insuficientes.
En suma, con cultura, con educación.
Pero no con una educación que "ilustra", no con una cultura "cosmética", como la que tenemos, sino con la práctica de la solidaridad, el pragmatismo, la democracia y la decencia.
Sobre todo, la democracia entendida como la observancia de las leyes.
Sarmiento se desgañitaba gritándolo: "eduquemos al pueblo soberano".
Porque sin ese tipo de educación caemos indefectiblemente en la barbarie, hoy, lamentablemente, tan en boga.


Con buena voluntad e imaginación, encontraremos mil formas de ser solidarios y de crecer todos juntos.
En los consorcios, muchas veces se da el caso de personas ancianas, que viven solas, con una magra jubilación o pensión, que no poseen parientes que les den sostén económico alguno y se debaten en la más triste penuria económica.


Muchas veces esas personas no pueden pagar las expensas y en algunos casos, al natural sentimiento de impotencia se le suma la angustia del remate judicial inevitable.
¿Quién no ha visto algo semejante en Buenos Aires?


Frente a ese problema específico, los abogados del Consorcio podrían aconsejar a los vecinos apelar a algún tipo de contrato inspirado en la "renta vitalicia", por ejemplo.
La renta vitalicia es una figura legal que hoy ha caído en desuso, pero que podría inspirar alguna forma novedosa de contratación que fuera útil en esos supuestos.
Por ejemplo, permitiendo que la persona desvalida venda a otras la propiedad de su inmueble, reservándose el usufructo vitalicio, y éstas se comprometan a pagarle mensualmente una suma de dinero durante el resto de su vida.
Un acuerdo semejante, labrado por escritura pública, podría significar, tal vez, asegurar tranquilidad económica para una de las partes, mientras que para la otra, un beneficio económico.

® Liga del Consorcista

Tags: Conflictos Generales de Vecindad, De Interés General para la Familia Urbana, De Interés General para la Familia Urbana,

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