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Los Consorcios en la Mira

 
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DISERTACIÓN DEL DR.OSVALDO LOISI EN LA SEDE DEL DEFENSOR DEL PUEBLO DE LA NACIÓN DEL DÍA 8 DE MAYO DE 2006 “LOS CONSORCIOS EN LA MIRA” Si existe una necesidad imprescindible en esos momentos, en nuestro país, es la necesidad de organizarnos, de articularnos en grupos diferentes para trabajar en torno a problemas concretos.
Esto que parece fácil, no lo es sin embargo, en absoluto.
Sea por nuestro acervo cultural, por nuestra ascendencia étnica o por cualquier otra causa, a los argentinos nos gusta pontificar sobre lo que otros debieran hacer, sin dar primero el ejemplo.
Dicho en términos comunes: algo así como “animémonos y vayan”.Todos queremos ser caciques y nadie quiere ser indio. Por fortuna desde la gran debacle del 2002 se nota más conciencia sobre el tema y existen más personas dispuestas a colaborar y a trabajar en común, pero aún queda mucho por hacer: sobre todo nos cuesta entender que la verdadera eficacia no se logra cuando las cosas se ordenan desde arriba hacia abajo, sino cuando cada persona encuentra una funciòn dentro de un todo orgánico.
Poco a poco las mesas redondas de trabajo, en el mundo, van tomado el lugar de las viejas pirámides de poder. Tambièn cuesta entender que cuando se discute algún problema, lo que hay que poner en la mesa es el problema mismo y preguntarnos cómo lo vemos cada uno de nosotros.
Sólo sumando las opiniones de todos vamos a darnos cuenta de cómo es ese problema en realidad.
Más allá de lo que yo veo, debo aprender a apreciar las cosas poniéndome en los zapatos de los otros.
Sin embargo, cuando nos reunimos a discutir, cada uno quiere imponer su punto de vista y esto nos aleja en verdad de una visión realista del problema y por supuesto, de las soluciones, que de eso se debiera tratar en realidad.
Lamentablemente, a los argentinos aún nos queda un trecho de tiempo y de experiencia para comprender que el camino no consiste en tomar el diálogo como una suerte de lucha por el poder, sino como un encuentro para el aporte de ideas y el trabajo árduo por encontrar soluciones concretas a problemas concretos.
Todavía no hemos tomado conciencia que el único modo que tiene un vaso para poder llenarse de líquido, es vaciarse primero.
Es decir, no hay que temer perder algo siendo generosos.
Al contrario, el generoso gana siempre, se enriquece más, crece más.
El mezquino en cambio, pierde, pierde siempre, porque como decía cierto autor: en la vida no nos pasa lo que creemos merecer o no, sino, en realidad, nos pasa lo que se nos parece: al triste le pasan cosas tristes y al alegre cosas que justifican su alegría.
El generoso encontrará a su paso cosas que lo van a colmar y el mezquino siempre encontrará insatisfacción.
Esa incapacidad para organizarnos, para articularnos, se nota desde el propio Estado.
Nuestros poderes públicos no funcionan como debiaran funcionar y nuestros funcionarios no trabajan como debieran trabajar.
Sin ir más lejos: cualquier persona civilizada que llega a nuestro país –un turista, por ejemplo- y ve la cantidad de manifestaciones callejeras que gritan todos los días notará que en seguida que el poder legislativo aquí no funciona.
Porque la función de un Congreso o de una Legislatura es, precisamente, recibir las inquietudes de la gente antes que lleguen a desbordar en barricadas, recepcionar los problemas y entre todas las tendencias políticas analizar esos conflictos con la serenidad debida para elaborar la norma que sirva a los otros dos poderes: el ejecutivo y el judicial, para proveer las soluciones que correspondan.
Esto no es ninguna novedad, pasa en cualquier país medianamente civilizado.
Y la falta de diálogo verdadero y eficaz entre políticos que piensan distinto conduce a que los agentes del Estado argentino se alejen de los problemas concretos para encasillarse en los sistemas ideológicos que aprendieron de los libros.
La diferencia es sencilla: cuando hay un problema, el objeto es encontrarle la mejor solución.
Y la mejor solución es como un traje a medida: hay que cortarlo obedeciendo las pequeñas imperfecciones de cada cuerpo.
No es el mejor traje el de confección que está en la vidriera, sino el que se hace a medida.
Aquí los argentinos hemos sido víctimas a través de los años, de las ideologías más exóticas que iban apareciendo en el mundo como patrones ideales.
Nuestros ideólogos las han impuesto a nuestra gente con el infantil entusiasmo del chico que cree haber encontrado una receta mágica para todos los problemas.
En lo que a la economía se refiere, claramente los argentinos hemos sido víctimas de tres polìticas diferentes: La primera, es la política liberal, privatista, la segunda es la política estatista, y la tercera, a nuestro modo de ver, la más peligrosa de todas, es la política criolla, de corte fascista, que tende a desarticular el Estado.
A cortarlo en pedazos para ponerlo en manos de determinados grupos de amigos o determinados grupos de intereses. El primer sistema, llamado liberal, privatiza todas las empresas y desmantela al Estado reduciéndolo a su mínima expresión.
Así se logra tener empresas fuertes y un Estado débil.
Se aplicaba a rajatabla la ley de la oferta y la demanda creyendo que el mercado solo se autorregula, pero desconociendo que si mezclamos en una pecera a los peces grandes y a los chicos, el pez grande se come al chico.
Los sistemas en sí mismo son herramientas, son ideas que sirven para pensar la realidad, pero no son la realidad misma ni son recetas mágicas.
Su éxito es siempre relativo a un cúmulo de circunstancias históricas y económicas nacionales y mundiales.
El sistema liberal es el que se impuso luego de la organización nacional, a mediados del siglo XIX y fue el que el país necesitaba entonces, dadas las particulares circunstancias por las que la naciente nación argentina organizada estaba pasando en ese momento.
Es el sistema de nuestros próceres: Rivadavia, Sarmiento, Alberdi, Carlos Pllegrini y tantos otros.
Pero esos pròceres supieron ponerle sentido común al liberalismo y más de una vez tomaron medidas para paliar sus excesos, que no tenían nada de liberales.
Carlos Pellegrini, por ejemplo, en una oportunidad, cerró el Congreso para acabar con la corrupción que se había infiltrado en él.
Pero hay otros muchos ejemplos en el mundo de liberales que de pronto se apartan de la ortodoxia para solucionar problemas concretos.
Un caso típico fue el de Roosevelt.
A raíz de la famosa crisis del año 1929, Estados Unidos estaba pasando por una honda depresión tanto o más profunda que la argentina de finales de los 90.
Entonces, pese a ser liberal, tomó medidas claramente dirigistas al encarar la construcción de multitud de obras públicas con fondos del Estado.
Muchos colegas se lo reprocharon, pero él, pragmáticamente les contestó: “primero hay que poner a la gente a trabajar”, después hablaremos de ideologías. Ese mismo sistema liberal, pero sin sentido común, fue aplicado en la década del 90.
Y fue nefasto porque el país y el mundo eran otros.
Fue como sacar del baúl el traje del abuelo.
Y todos sabemos lo que el país perdió con esa política.
En esa década del 90 se produce la ausencia del Estado.
Fue el auge del Estado privatista, que procedio a vender todas las empresas y dejó que el capital hiciera lo que le venga en gana con la población, sin nigún control.
Se abrió la aduana indiscriminadamente a todos los productos del mundo, sin reparar en que muchos de ellos eran subvencionados por sus respectivos países y vino la debacle que todos hemos sufrido.
Este desquicio provocó el cierrre masivo de fábricas, la pérdida del empleo y una pauperización de la población nunca vista, que es lo peor que puede pasarle a un país.
El segundo sistema es el estatista, y opera al revés: las empresas pasan al poder del Estado, que las va comprando, asumiendo y burocratizando.
En los años 50 el Estado Argentino procedió a comprar toda una serie de empresas privadas llamando a ese provceso “nacionalización”.
Y todos sabemos a qué condujo todo eso: pésimos servicios, una burocracia e ineficiencia brutal, falta de inversiòn en tecnología y modernización.
A tal punto se llegó en ese proceso que el Estado pasó a regentear, por ejemplo, bodegas, como la Giol y a hacerse cargo de muchas actividades que no le eran propias.
Pero el tercer sistema, como decíamos, es el más peligroso en nuestra opinión, porque consiste en privatizar al propio Estado, desarticularlo en porciones entregándoselo a grupos de personas.
¿Cómo se hace esto? Bueno, muy fácilmente: varios individuos fundan una asociación civil para brindar algún servicio.
Puede ser, por ejemplo, un gremio o un colegio profesional, y le piden a los legisladores amigos que sancionen una ley que obligue a toda la población a hacerse clientes obligatorios de esos servicios.
¡Miren qué lindo negocio! Una vez que sale la ley, aquellos señores, que se cuidarán muy bien de mantener el control de la asociación, se dedicarán a recaudar, como si se tratara de un pequeño Estado.
Ustedes se preguntarán seguramente a qué viene este tema económico y qué relación puede tener con la Propiedad Horizontal.
Y yo les diría: mucho.
Tiene mucho que ver.
Porque los edificios de Propiedad Horizontal vienen siendo objeto de una explotación por parte de ciertas corporaciones que detentan indebidamente un pedazo, una tajada de Estado, amparados en alguna ley que les otorgó una porción de poder público, el poder de policía, algo que el Estado jamás debiera delegar.
Nos referimos concretamente al gremio de Encargados de la Propiedad Horizontal, que pacta a espaldas de los consorcistas obligaciones que si no se cumplen, ese gremio va a ejecutar usando la fuerza del Estado.
Las contribuciones que se establecen a espaldas de los propietarios son obligatorias porque es el propio Estado que las va a homologar transformándolas en leyes. Este es un tema al que ya nos hemos referido en otras ocasiones y en el que estamos trabajando con todo el esfuerzo de que somos capaces.
Tenemos casi lista una presentación judicial, por un lado y por el otro, estamos entrevistándonos con diversos legisladores nacionales para lograr el apoyo que necesitamos para dar a conocer y lograr que se sancione una reforma integral de la Lay 13512 de Propiedad Horizontal.
También, como hemos dicho en varias opportunidades, tenemos otro proyecto, digamos de coyuntura, para ponerle límites a esas negociaciones salariales que ya se llevan más de la mitad de todos los gastos del Consorcio y amenazan seguir creciendo. Por ahora, tenemos pocas pero buenas noticias.
Hemos logrado el apoyo de la agrupación política PRO, y se nos prometió que la Diputada Nacional Paula Bertol presentará en los próximos días ambos proyectos en la Cámara de Diputados de la Nación.
Otra buena noticia es que estuve reunido con un Diputado Nacional de otra bancada, al otro extremo del espectro político, con el Dr.
Rafael Bielsa, quien manifestó sumo interés por ambos proyectos y prometió estudiarlos para, eventualmente, brindarnos tambén su apoyo.
Yo les rogaría a los consorcistas que colaboren en esta tarea de hacer “lobby”, que seguramente ni ellos ni nosotros hemos hecho nunca antes, pero es necesario hacer.
Entiendo que el problema excede a cualquier partido político porque afecta a toda la población del país que vive o trabaja en edificios sometidos a la Propiedad Horizontal.
Y hay consorcistas de derecha, de centro y de izquierda.
Es necesario tomarnos ese trabajo de hormiga de entrevistarnos con los legisladores si queremos lograr imponer la justicia en los Consorcios y evitar el sufrimiento de tantos jubilados y pensionados y empleados con salarios mínimos que ven aumentar las expensas año a año por culpa de un sistema que, ya lo hemos dicho antes, constituye una verdadera perversiòn del derecho laboral, porque defiende a los más fuertes y castiga a los más débiles. Pero, siguiendo con el tema del fraccionamiento del Estado, tenemos la obligación de denunciar los intentos de ciertos grupos de administradores que, en acuerdo con un grupo de legisladores de la Ciudad de Buenos Aires, han presentado un proyecto de ley que persigue lo que venìamos diciendo: que le otorguen un pedazo de Estado en su exclusivo beneficio.
Nos referimos al proyecto de colegiación obligatoria de Administradores propuesta por el diputado Santilli en la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires.
Bajo el pretexto de que es necesario contar con administradores de consorcio que cumplan con las normas éticas de su profesión, lo que se persigue en realidad es un negocio fabuloso, consistente en el gobierno de una matrícula única.
Esto quiere decir que quien quiera ejercer la profesión de administrador va a tener que cumpir previamente con las disposiciones que ese grupo de personas arbitrariamente dispongan.
En primer lugar, claro está, el pago de aranceles, matriculación, sellados, etc., etc.
Ya sabemos cómo viene la mano porque muchas profesiones liberales poseen instituciones semejantes, que son grupos cerrados de intereses que manejan muchísimo dinero a costa del colegiado.
Pero con una diferencia, que no han advertido los autores de dicho proyecto: la tarea de administrar consorcios es algo diferente de cualquier otra profesión liberal: los administradores son gerentes de dinero ajeno y como tal, no puede un grupo de ellos agruparse y monopolizar el ejercicio de la profesión.
Ello viola tanto el derecho de trabajar y ejercer libremente toda profesiòn lícita como el derecho de los propietarios de elegir a quien prudentemente sepa manejar los fondos de cada consorcio.
Seguidamente vamos a transcribir parte de este proyecto, que es necesario analizar porque debe tomar estado público.
No queremos que un día de estos nos enteremos por los diarios que entre gallos y medias noches ha sido aprobado.
Porque el verdadero objeto de ese proyecto es, precisamente, nuestro patrimonio.
Afecta directamente nuestro patrimonio.
Ante todo, conviene decir que en todos estos casos de gremios únicos y corporaciones únicas de afiliación compulsiva y quisiéramos que las autoridades respectivas tomaran debida nota, es que violan el Convenio Nro 98 de la OIT (Organización Internacional del Trabajo).
Ahora, con la nueva constitución Nacional del año 94, todos sabemos que los convenios internacionales en los que la Argentina resulta signataria, son obligatorios para el país.
Así que del mismo modo como se apela al tratado de Costa Rica en algunas oportunidades y en otros supuestos, es bueno refrescar la memoria y releer lo dispuesto por la OIT en el sentido de que no es admisible el régimen de gremio o corporación única.
En primer lugar, nos llama poderosamente la atención que en los fundamenos del proyecto, en lugar de mencionarse los problemas concretos que supuestamente esa ley iría a solucionar, se haga referencia a la cantidad de dinero que representan las expensas en el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires.Nota: Este proyecto ha sido levemente modificado, luego de las fuertes críticas recibidas.
El texto que nos ocupa del articulado, sin embargo, se mantiene similar.Texto Relacionado: URGENTE: ATAQUE AL DERECHO DE PROPIEDAD DE LOS CONSORCISTAS.
QUE PASA EN LA LEGISLATURA PORTEÑA Y COMO PARTICIPAR.
(27 de Enero de 2008)
® Liga del Consorcista

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